XALAPA: CUANDO LA PLURALIDAD SE CONVIERTE EN PATRIMONIO DE LA CIUDAD

Ayer, durante la conmemoración de los 70 años del Palacio Municipal de Xalapa, ocurrió un hecho que merece ser valorado más allá de cualquier coyuntura política: la alcaldesa Daniela Griego Ceballos convocó a exalcaldes de distintas generaciones y corrientes ideológicas, reconoció públicamente sus aportaciones y volvió a reunirlos en la casa común de los xalapeños.
Me dio mucho gusto verlo.
Quien verdaderamente ama a una ciudad debe aprender a mirar su historia completa, no solamente el tramo que coincide con sus propias ideas. Los gobiernos municipales no comienzan desde cero. Cada administración recibe los aciertos, los proyectos, las enseñanzas, las omisiones y también los errores de quienes la antecedieron. La ciudad que hoy habitamos es resultado de todas esas decisiones acumuladas.
Entre 1985 y 1987 trabajé arduamente al lado de dos de esos alcaldes: Carlos Rodríguez Velasco, un político extraordinario de quien aprendí mucho, y con Amparo Álvarez Castilla extraordinaria mujer y gran profesionista que en solo nueve meses de gobierno realizó un trabajo notable.
Conozco a la mayoría de quienes estuvieron presentes. Con algunos mantuve diferencias importantes; con otros construí una profunda amistad. A todos los respeto.
Durante cerca de treinta años mi voz fue crítica frente a varias administraciones municipales. No reniego de esa crítica, porque nunca nació del encono personal ni de una aspiración partidista. Surgió de mi amor por Xalapa, de mi inconformidad frente a sus rezagos y de mi convicción de que nuestra ciudad podía y debía aspirar a mucho más.
Seguramente, la distancia y la madurez nos han permitido a todos reconocer nuestros aciertos y desaciertos. La civilidad democrática no exige renunciar a las convicciones ni borrar las diferencias; exige comprender que ninguna discrepancia debe impedirnos reconocer la dignidad del otro y trabajar por aquello que nos pertenece en común.
Por eso este encuentro es importante. No se realizaba desde hace décadas un acto institucional de esta amplitud y pluralidad para reunir y reconocer a quienes han encabezado el Ayuntamiento de Xalapa. Que Daniela Griego lo haya conseguido trasciende el protocolo y la conmemoración: envía el mensaje de que los xalapeños podemos impulsar nuestra ciudad desde las diferencias, siempre que actuemos con conciencia política, madurez y civilidad.
Conocí a Daniela durante su etapa como diputada local. Tuve la oportunidad de colaborar con ella, desde tres comisiones legislativas, en trabajos parlamentarios que contribuyeron a fortalecer el marco jurídico de Veracruz, particularmente en materia de planeación, régimen municipal, acceso a la información y combate a la corrupción. Por ello reconozco en este gesto una expresión congruente de apertura democrática.
Desde mi responsabilidad actual en el municipalismo mexicano, felicito a la alcaldesa y a cada uno de los exalcaldes que estuvieron presentes. El reconocimiento no significa absolución histórica ni uniformidad de pensamiento. Significa aceptar que Xalapa ha sido construida por muchas generaciones y que cada una dejó experiencias que debemos conocer para no repetir errores y para dar continuidad a lo que ha funcionado.
Aprovecho este momento para formular respetuosamente una propuesta a la presidenta municipal: crear el Consejo Consultivo de Exalcaldes de Xalapa, como una instancia honoraria, plural y apartidista que se reúna, al menos, cada seis meses para reflexionar sobre los problemas más profundos y las decisiones de largo alcance de nuestra ciudad.
Su función no sería gobernar ni sustituir las atribuciones del Cabildo, del COPLADEMUN o de los órganos de participación ciudadana. Su propósito sería recuperar la memoria institucional, compartir experiencias, identificar lecciones aprendidas y formular recomendaciones sobre temas estratégicos como el agua, la movilidad, el ordenamiento urbano, la seguridad, el medio ambiente, las finanzas municipales, la cultura y la coordinación metropolitana.
Quienes ya ocuparon la silla principal del Palacio Municipal conocen el peso de las decisiones, las limitaciones del gobierno y la complejidad de una ciudad como Xalapa. Esa experiencia puede convertirse en un activo público si se pone, generosamente, al servicio del presente y del futuro.
Hay momentos en los que la política deja de ser únicamente disputa por el poder y se convierte en pedagogía cívica. Ayer ocurrió uno de esos momentos.
Ojalá que esta reunión no permanezca solamente como una fotografía memorable, sino que sea el principio de un diálogo permanente entre generaciones, experiencias y visiones distintas.
Xalapa necesita más encuentros de esta naturaleza: más diálogo que burocracia, más conciencia que consignas y más futuro que resentimientos