Sin tacto

OPINION

 

 

Uno menos para la Contraloría

 

Por Sergio González Levet

 

La lucha interna de las tribus morenistas está convertida en una batalla campal en la que no hay victoriosos sino solamente grupos magullados que se despedazan unos a otros y que están consiguiendo cavar la tumba de la Cuarta transformación, cuya caída inevitable empezará por el lado electoral el año entrante.

Mientras tanto, todos los protagonistas del lopezobradorismo están haciendo su mejor papel para consolidar el estrepitoso desplome. Son como el tipo que se aventó desde la azotea un edificio de 30 pisos y cuando lleva 25 recorridos se dice: “Hasta ahora todo va bien”.

El círculo vicioso de la debacle llega a todos los ámbitos de la Cuarta Transformación y toca con su varita infernal cualquier acción que hagan los integrantes del movimiento popular hechizo por AMLO.

Por ejemplo, en el asunto de la sucesión en la Contraloría General de Estado acaba de ocurrir un fenómeno que es muestra fehaciente de la descomposición del proyecto que, como el Tercer Reich, pensaba apoderarse del país y eternizarse por mil años.

La salida inminente de la actual titular, la jovencita tamaulipeca Barbara Galindo Ramos, a quien se le entregará el Orfis para que haga y deshaga, desató una pelea entre la jauría en pos del hueso de esa dependencia que si bien maneja un presupuesto ralito, no deja de ser una posición de poder y hasta de control dentro del Gobierno del Estado.

Los grupos se empezaron a alinear para proponer candidatos y emergió con fuerza un recomendado desde la propia Secretaría de Finanzas, que dicen goza de la confianza del propio Secretario, el poblano Miguel Santiago Reyes Hernández.

Era el actual Procurador Fiscal de Estado, Luciano Cervantes Jiménez, quien de pronto se convirtió en un dechado de capacidades y talentos, si nos atenemos a lo que se escribió de él en algunos espacios marginales sustentados con dinero del erario.

Pero apenas asomó la cabeza el tipo, le se fueron encima los grupillos que tenían otros aspirantes y le empezaron a sacar sus trapitos al sol. Primero fue su pasado priista porque en Coatzacoalcos participó notoriamente en el área de finanzas de las comunas de Marcelo Montiel y Joaquín Caballero Rosiñol.

Pero como vieron que no hacía el efecto deseado, le aplicaron la bomba que le tenían guardada: una denuncia por violación que le enderezó una empleada de la Tesorería Municipal de Coatza en 2014, cuando él era Director de Contabilidad.

La denunciante acusó que fue objeto de violencia sexual en las propias instalaciones de la Tesorería Municipal. La denuncia no pasó a mayores y la Fiscalía determinó dejar sin ejercer la acción penal, pero ahora que Luciano quiso llegar como contralor le revivieron la acusación, lo que no tuvo efectos legales pero sí le dio directo en su imagen. ¿Cómo poner al frente de la oficina que pondera la honestidad del Gobierno estatal a una persona que ha sido señalado pode violencia sexual?

Y así se le cayó la aspiración a quien se decía delfín del Secretario de Finanzas.

 

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