Sin tacto

OPINION

De la importancia de chapear /1

Por Sergio González Levet

«Chapear» es un verbo transitivo que se utiliza en Centroamérica el Caribe con el significado de «cortar la maleza, siempre con un machete».
Me detengo en el término porque en Veracruz estamos detectando una insistente tendencia de las autoridades gubernamentales, encabezada por el uno y el dos en el organigrama, de salir a ejercer esta bonita actividad, tan física y tan campirana.
Pareciera que nuestros gobernantes nos quieren convencer de que el manejo del machete es sinónimo de inteligencia, don de mando, y cercanía con el pueblo bueno y honrado. Además de que es muestra de sencillez y sensibilidad.
Ese tipo de acciones populistas no resultan tan buenas como parecen. Y va un ejemplo que va a resultar afín al actual régimen: con el triunfo de la Revolución Cubana y la huida de los capitales gusanos hacia Miami, muchos intelectuales y funcionarios revolucionarios tomaron la costumbre de dejar los fusiles a un lado, agarrar un machete e ir a los cañaverales a trabajar hombro con hombro con los compañeros cortadores, que estaban salvando la zafra de ese año, no obstante que los ingenios habían sido abandonados por sus huidizos dueños.
Ahí se podía ver a los guerrilleros, a los pensadores, a los libertadores de yugo capitalista sudando la gota gorda mientras le entraban con decisión para cortar las cañas y subirlas a los camiones que la llevarían a convertirlas en azúcar y en alcohol, en el riquísimo ron Havana.
Sin embargo, apenas un mes después de que se había establecido esa costumbre, el propio Fidel tuvo que lanzar una “recomendación” para que sus entusiastas seguidores dejaran de ir al campo, pues por su falta de experiencia y conocimiento sólo estaban entorpeciendo las labores de los verdaderos trabajadores del campo. Como no sabían hacerlo, cortaban los juncos muy por encima del suelo y se desaprovechaba una gran cantidad del sembradío. El líder revolucionario, entre regaño y agradecimiento, pidió a sus colaboradores y seguidores que mejor se dedicaran a lo que tenían que hacer y dejaran en paz a los cañeros.
Ante el ímpetu con que los señores del Gobierno de Veracruz se bajan de sus camionetotas, armados con sus morunas fajadas alrededor de la cintura (o del lugar en donde debiera ubicarse ésta), muchos ciudadanos deben pensar que votaron para elegir a campesinos expertos y no necesariamente a funcionarios que debieran dominar el difícil arte de la administración pública.
Antes de la presente Transformación, quien encabezaba el Gobierno debía demostrar sus capacidades en el terreno de la política social y de la conducción de los esfuerzos de un pueblo.
Ahora se dedican a mostrar su pericia para desbrozar jardines y poner orden en el crecimiento de los pasos y las plantas silvestres.
Y mañana sigo…

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