Sin tacto

OPINION

Arturo Reyes Isidoro, en lucha

Por Sergio González Levet

Entre muchos de sus amigos-colegas (o colegas-amigos, el orden de los factores no altera el producto) tenemos una especie de broma que dice que si camina como reportero, observa como reportero y pregunta como reportero, ¡entonces es Arturo Reyes Isidoro!
Este relevante periodista nació en Coatzacoalcos y se formó inicialmente -como tantos buenos reporteros- en el exigente crisol de Ángel Leodegario Gutiérrez Castellanos y después en la luminosidad de Froylán Flores Cancela.
Medio siglo de una carrera que no se detiene y se reinventa día a día, tiene convertido a Arturo en un referente y un modelo a seguir para cualquier muchacho que quiera dedicarse de lleno y con fervor al oficio divino de informar a los demás sobre lo que pasa en este mundo cambiante y tormentoso. Fascinante y aterrador.
Pero es también un ejemplo para los profesionales de la comunicación veracruzana por su sapiencia y su talento irrepetible.
Como reportero pocos igualan a Reyes Isidoro. Persiste la leyenda urbana de que cuando despierta por las mañanas ya lleva dos comunicados escritos, de menos.
Nuestro admirado amigo ha dejado muestras fehacientes de su talento en miles y miles de notas, de entrevistas, de crónicas.
Tiene en su palmarés que fue el director fundador de Diario del Istmo en Coatzacoalcos, y lo hizo tan bien que en poco tiempo lo colocó como el periódico líder en esa región, que tiene tan buenos periodistas y medios.
Hoy me refiero a Arturo Reyes Isidoro porque está dando y ganando una gran batalla más en su vida, por su vida misma.
Desde aquí saludo a mi antiguo compañero de la Facultad de Letras, cuando éramos jóvenes, mensos y felices -como nos decía el padre Benigno Zilli, nuestro maestro de filosofía- y le deseo públicamente, como ya lo he hecho en privado, que salga victorioso una vez más en esta prueba del coronabicho feroz contra su organismo y su voluntad.
Me alienta saber que está con los mejores cuidados y con una somera dotación de buenos libros, que son un oxígeno para él.
Ánimo Arturo, que todavía te falta mucho por bailar… y por reportear.

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