Sin patear el pesebre

OPINION

Por: Jorge Yunis Manzanares

Espacios públicos, un tema de primer orden en la agenda del gobernante, y de aquellos con aspiraciones para acceder a cualquier liderazgo social. Los espacios públicos entendidos como aquellos lugares a los que cualquier ciudadano puede acudir con fines de distracción, descanso o sana convivencia, y que de ninguna manera deben estar sujetos a la graciosa concesión, condescendencia o estado de ánimo del administrador público. Muy por el contrario, la máxima; mens sana in corpore sano, cobra especial relevancia, y con más razón en tiempos como los que vivimos. Con este comentario hurgo en la memoria amable lector, recordando los tiempos en que el malecón se convirtió en gimnasio. Pues bien, recordaran cuando en el malecón había una buena cantidad de maquinas para llevar a cabo ejercicios que complementaban la caminata y que fueron de gran ayuda para quienes tenemos apego a las prácticas deportivas. Como saben, este proyecto revolucionó en su momento y llevó a otros niveles la rutina de los jóvenes porteños y personas de todas las edades y aun de municipios cercanos, que vieron con buenos ojos esta dinámica renovadora. Por desgracia poco duró el gusto; pues el desencanto entró por el golfo, y la naturaleza hizo lo suyo. Así fue amable lector, al paso de los meses salió a relucir lo que la pintura cubrió sin permiso del salitre, dejando al descubierto estructuras de pésima calidad, de material endeble, que suplió al acero forjado de una sola pieza, por tubos de baja calidad, que como era de esperarse no soportaron las condiciones de extrema salinidad de esta zona. Primero fue una, después dos y cuatro más, hasta que todas fueron desvaneciéndose, como polvorones en el agua. De esas maquinas ya no queda nada, solo uno que otro parapeto oxidado que sirve de monumento a un pasado sin legado, y sin que hasta ahora nadie haga algo por revivir esas propuestas deportivas. Y es que estos tiempos de inactividad deben de aprovecharse; he visto colonias con campos deportivos abandonados, con maleza tan alta, que disuade cualquier intento de visita. Con todo respeto, creo que el COVID no es pretexto para que nuestras aéreas de esparcimiento luzcan en el abandono. Como alguna vez diría un queridísimo periodista, las ropas más humildes limpias lucen mejor. Esperemos que así sea.