Punto de Vista
* La rudeza de Morena
Filiberto Vargas Rodríguez
Prefacio.
Allá en los tiempos de los gobiernos priistas de Veracruz, especialmente los dos últimos (Fidel Herrera y Javier Duarte) era práctica común que se disfrazaran las cifras de la deuda con proveedores y contratistas. *** Para evitar que las empresas calificadoras conocieran el nivel real del pasivo circulante, la Secretaría de Finanzas no les recibía las facturas a las dependencias de la administración estatal, hasta tener el recurso para pagarlas. *** Los proveedores y contratistas repetían en múltiples ocasiones el recorrido: del área administrativa de la dependencia, a la Tesorería del gobierno estatal, para escuchar la misma letanía: “ya se enviaron las facturas a Finanzas” … y más tarde… “acá no ha llegado nada, vuelva a preguntar en la dependencia”. *** De pronto, en los momentos más críticos, alguien se acercaba y le sugería al empresario que “buscara otros caminos” para conseguir que se materializara el pago. Los famosos “diezmos”, que se convirtieron en “ventiladores” … Los famosos “moches”. *** En la actualidad, el secretario de Finanzas y Planeación, Miguel Reyes Hernández reveló que durante la administración de Cuitláhuac García se ocultó el monto real de la deuda pública, bajo el tapete de las “cuentas corrientes”. *** ¿Recuerdan la propaganda del gobierno de Cuitláhuac García? Ya en el 2024, a meses de que concluyera su mandato, presumía que redujo “en 25 por ciento” la deuda pública total del gobierno, la que -aseguraban- habría pasado de 87,207 millones de pesos, a 65,301 millones. *** “Bajo la gestión del gobernador Cuitláhuac García Jiménez Veracruz logró avances dignos de presumirse por su fuerte recaudación fiscal, reducción de la deuda, inversiones en infraestructura, educación y salud, diversificación económica y un importante ingreso extranjero”, se afirmaba en los comunicados oficiales. *** Hoy nos dicen que todo era mentira. ¿De qué nos habremos de enterar cuando acabe la gestión de Rocío Nahle?
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El proceso electoral federal para la renovación de la Cámara de Diputados dará inicio el próximo 10 de septiembre. Dos meses después, en noviembre, arranca el proceso para la elección de los diputados locales. A nivel territorial, son 19 Distritos en el ámbito federal y 30 en la instancia local.
Las fechas están muy cerca, lo que provoca que Morena y sus gobiernos se muestren cada día más, mucho más nerviosos.
La instrucción parece haber sido muy concreta: “se tienen que ganar esas elecciones a como dé lugar” y la gobernadora Rocío Nahle la está siguiendo al pie de la letra.
Las frecuentes “invitaciones” a los presidentes municipales para brincar a Morena, a cambio de obras trascendentales para su demarcación, representan apenas los primeros escarceos de una estrategia de apropiación territorial. Si la zanahoria no funciona, entonces entra el palo.
Traten de imaginar un escenario como el siguiente: operadores políticos privados de la libertad, candidatos presionados, urnas robadas y casillas cerradas por la presencia de grupos armados.
Ese es un resumen extraordinariamente compacto de lo que se vivió en Sinaloa en 2021, en las elecciones que llevaron al triunfo a Rubén Rocha Moya en la contienda por la gubernatura.
Apenas en abril del presente año, el Departamento de Justicia de Estados Unidos acusó a Rubén Rocha Moya (gobernador de Sinaloa con licencia) y a otros nueve funcionarios de aquella entidad, por presuntos delitos de narcotráfico y armas.
Entre los señalados figuran el senador Enrique Inzunza Cázarez, Juan de Dios Gámez Mendívil, alcalde de Culiacán, así como exfuncionarios y exmandos de seguridad estatales y municipales.
La acusación en Estados Unidos menciona que los señalados habrían conspirado con líderes del Cártel de Sinaloa para traficar fentanilo, heroína, cocaína y metanfetamina hacia Estados Unidos “a cambio de apoyo político y sobornos”.
En el caso de Rubén Rocha Moya, el Departamento de Justicia sostiene que “Los Chapitos” lo habrían ayudado a llegar al gobierno de Sinaloa en 2021 mediante el secuestro y la intimidación a sus rivales.
En aquella ocasión les funcionó la alianza con el crimen organizado y en muchas otras latitudes -incluyendo Veracruz- están dispuestos a ponerla en práctica.
Hay testimonios de alcaldes que han recibido amenazas, contra su persona y contra sus familias. Acudieron al gobierno estatal en busca de protección, pero la respuesta fue que se les respaldaría, siempre y cuando se sumaran a Morena.
Esta táctica, para sorpresa de muchos, no se limitó a los ediles de las fuerzas opositoras. También se aplicó con alcaldes de los partidos “aliados” (PT y Verde). La instrucción es pintar todo el estado de guinda, sin importar que en el camino se aplaste a todo aquel que se atraviese.
Se viene un período turbulento en Veracruz. La intolerancia y rudeza de los actuales gobernantes se hacen cada vez más evidentes.
Es el tamaño del miedo que tienen de perder el poder.
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Epílogo.
Cuando los defensores a ultranza de la gobernadora Rocío Nahle se suman al linchamiento de la legisladora de Morena Dorheny García, se entiende que no sólo ordenaron “dejar pasar” el golpeteo, sino que -incluso- lo fomentaron. *** Si en las oficinas de Cenagas no entienden los mensajes, es porque la ambición los tiene perturbados. Los compromisos con “aquel” equipo político ya se acabaron y ninguno de ellos pasará por el tamiz que está imponiendo la gobernadora Rocío Nahle, que se asume -ahora sí- como la jefa política de la cuarta transformación en Veracruz.
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