LUCHA SOCIAL O GRUPO DE PRESIÓN
Uriel Flores Aguayo
Con la atención internacional en nuestro país por la Copa Mundial de futbol, gran oportunidad para México, las anuales movilizaciones de la CNTE han tenido mucho mayor protagonismo. Es una añeja historia, una película ya vista. En esta ocasión sus repercusiones han sido más grandes y han sido dañinas en exceso. Demos por descontado la severa afectación a la niñez que dejan sin clases, precisamente en entidades con bajos niveles educativos. Sus acciones tienen un efecto nocivo en la imagen de nuestro país, en un momento en que nos visitan más turistas y todos los medios de comunicación internacionales ya se encuentran cubriendo la justa mundialista. En esta ocasión es lo peor que pudieron hacer, actuando con dolo. No es menor el daño a la economía del centro histórico de la CDMX, donde los bloqueos impiden trabajar. El saldo de estas curiosas “ protestas” es negativo para todos, para México, excepto para los grupos que controlan a la CNTE que siempre bajan sus banderas a cambio de jugosos acuerdos económicos.
No estamos ante una lucha social propiamente. Se trata de las acciones cómodas e impunes de un grupo de presión. Su conducción es fundamentalmente política envuelta en una “ ideología “ seudo revolucionaria, donde se habla de lucha de clases y Estado burgués. Sus consignas y cánticos son esencialmente anacrónicas, por ejemplo la canción “ venceremos” que fue himno en la campaña de la Unidad Popular chilena en 1973. Tienen mucho de simulación: cobran sus salarios sin trabajar mientras protestan, secuestran autobuses y bloquean lo que gusten sin sanción; incluso cuentan con diputados federales. Algunas de sus demandas pudieran ser legítimas, pero siempre terminan concentrándose en el manejo de plazas y presupuestos. Al recibir recursos públicos quedan lejos de las nociones de lucha social. Gozan, en cambio, de la casi absoluta omisión o complicidad gubernamental. Con esas extrañas ideas de no utilizar la fuerza pública, función básica, para no caer en supuestas provocaciones, el Gobierno Federal deja en la indefensión a la ciudadanía y premia con impunidad a vivales que suponen estar haciendo una revolución de caricatura. Si se realizara una revisión de las condiciones laborales del profesorado de entidades como Oaxaca, Chiapas, Guerrero y otras, nos iríamos de espaldas: exceso de plazas, control del los presupuestos, manejo desproporcionado de recursos económicos, ligas con grupos sediciosos, movilizaciones obligatorias y predominio de grupos violentos, al menos.
No, no es lucha social propiamente. Es la presión arbitraria y con recursos públicos de grupos que encontraron la fuente de la riqueza y las vías libres para aplicar su ley. Al fin que pueden hacer lo que quieran, chantajear, boicotear, destruir con el cuento de que están luchando. Lo último, sus intentos de dañar la Copa Mundial de futbol, debería ser, por lo nocivo para México, la línea roja a imponer por el Gobierno mexicano.
Recadito: el fatalismo interesado se pasea entre analistas respecto al Ayuntamiento xalapeño.