Contrapunto
Víctor Murguía
Los partidos y sus propietarios. ¿Cuánta democracia hay?
La democracia interna no es algo que se dé mucho en los partidos políticos en México.
Todos, unos más otros menos, son controlados por una o unas cuantas personas y al militante que no le guste, sea de la base o con carrera, tarde o temprano termina expulsado o yéndose por su cuenta.
Aquí en Veracruz acabamos de verlo, una vez más, en el Partido del Trabajo (PT), supuestamente de izquierda y aliado de Morena.
El propietario del PT, Alberto Anaya, decidió que los 14 años o más de Vicente Aguilar como dirigente estatal ya eran suficientes y debía darse el cambio. Quiso hacerlo formalmente, mediante asamblea, para colocar a Adrián González Naveda y a Elízabeth Morales al frente, pero Aguilar reventó la reunión.
Ahora inventó unas coordinaciones regionales y de un plumazo borró a la dirigencia estatal. Anaya, creador del PT, debe decir que para perpetuarse sólo él, pues lleva 35 años mandando en ese partido.
A ver si no resulta mal la jugada y esa organización, que por fin pudo avanzar ganando un buen número de alcaldías, retrocede el próximo año.
El PRI, que en su época de gloria tuvo rey sexenal, el presidente de la República en turno, y al empezar su declive trasladó el poder a los gobernadores, ahora cuenta con un propietario en la persona de Alejandro Alito Moreno.
Alito reformó estatutos y todo apunta a que ahí permanecerá, manejando las prerrogativas y decidiendo las candidaturas, hasta que acabe con el PRI o lo saquen a empujones, lo que se ve difícil.
En el Partido Verde (PVEM), otro aliado de Morena, unos cuantos toman las decisiones, repartiendo diputaciones federales y locales, senadurías y hasta gubernaturas. En la cúpula están Jorge Emilio González Martínez y Manuel Velasco Coello.
Cerca de ellos opera actualmente Javier Herrera, a quien un sector de Morena pretende bloquearlo en su aspiración de ser candidato a diputado federal por el distrito de Cosamaloapan, la tierra de su padre, Tío Fide.
Hace 27 años Dante Delgado Rannauro, tras ser defenestrado por Ernesto Zedillo, fundó Convergencia por la Democracia, transformado en Movimiento Ciudadano. Dante, quien está por consolidar a MC como la segunda fuerza en el país, creó su partido y ahí ha mandado.
En el Partido Acción Nacional (PAN) es menos marcada esta situación. Se da por periodos determinados, sobre todo en los estados y eso no lo pueden negar, sobre todo en lugares como Veracruz, en donde en los últimos lustros, a partir de que empezaron a ganar puestos de elección popular, ha sido claro el dominio de unas cuentas personas, quienes se reparten los cargos en el Comité Directivo Estatal y las candidaturas.
Actualmente la muestra es Joaquín Rosendo Guzmán, quien pudo posicionarse como secretario general, pero los panistas prácticamente no han visto que la fila se mueva para favorecer a militantes con capacidades y derechos.
Morena es otro ejemplo de lo antidemocráticos que son los partidos. Ahí mandó, sin que nadie pudiera chistar, Andrés Manuel López Obrador. Lo creó y lo manejó para poder llegar a la presidencia y después lo utilizó para el control político. Actualmente mantiene una gran influencia y le hace sombra partidista a la presidenta Claudia Sheinbaum.
Y llegamos al partido de reciente creación, Somos México, la organización que si bien aglutina a personajes destacados, la maneja Guadalupe Acosta Naranjo.
En Veracruz quedó demostrado cómo opera Acosta Naranjo con la designación, no elección real, de la dirigencia estatal, puesta en manos de Julián Javier González Suárez, quien responde a los intereses de Rogelio Franco, exdirigente del PRD, donde coincidió con Acosta, quien no deja cabos sueltos y jala a experredistas para controlar a su partido.