Contrapunto
Víctor Murguía
Una mano muy negra, un café ensangrentado y 2 muertes que beneficiaron a un gobernador y presidente
A propósito de lo escrito por Héctor de Mauleón en El Universal y retomado localmente por el colega Arturo Reyes Isidoro, sobre el tema de la columna Asesinato en el Café de Tacuba, podemos complementarlo diciendo que lo ocurrido ahí hace 90 años incidió (y cambió) no sólo en la política veracruzana sino en la nacional.
En aquella época (el crimen ocurrió el 25 de junio de 1936) no se puso en duda que el asesinato del gobernador electo Manlio Fabio Altamirano fue cometido por los principales sicarios del grupo conocido como La Mano Negra. Al poco tiempo los liberaron y para la gente eso confirmó quiénes eran los autores intelectuales.
La Mano Negra –se le atribuyen cientos de crímenes perpetrados en tierras veracruzanas- era manejada por el terrateniente propietario del ingenio Almolonga (Naolinco) Manuel Parra, un hidalguense asentado en esa zona de Veracruz.
Cuentan una historia terrible de la que fue víctima su esposa a manos de gente supuestamente ligada a grupos radicales que exigían el reparto de tierras, alentados por personajes políticos como Altamirano.
Parra tenía dinero y tierras. Desde aquellos tiempos se dice que para vengarse ideó ir a ver a la Ciudad de México a un militar de alto rango, el general Pablo Quiroga, ligado al maximato de Plutarco Elías Calles, a quien le habría ofrecido la mitad de su rancho a cambio de una especie de patente de corso.
Juntó gente, creó La Mano Negra, y no sólo se vengó de quienes directamente lo agraviaron, sino siguió su barrido contra invasores y quienes podían afectar sus intereses. Además los sicarios, gente de Xalapa, Naolinco, Actopan y Cardel, entre otros lugares, cometían tropelías por su cuenta.
México no estaba pacificado del todo. La Revolución había dejado muchos herederos y los militares ejercían el poder al tener a su disposición armas y hombres. Las diferencias aún se dirimían a balazos y los crímenes políticos eran comunes.
Altamirano era de los radicales, aliado de Elías Calles, y su ideología era el comunismo y anticlerical. Impulsado por su grupo y postulado por el Partido Nacional Revolucionario (antecesor del PRI) ganó en 1936 la gubernatura. Sus enemigos sabían lo que se avecinaba.
Quién sabe si por su cuenta o inducido por otros terratenientes o políticos, Parra ordenó su asesinato vía los sicarios de la Mano Negra, quienes lo siguieron a la Ciudad de México y en junio 25 del año mencionado, cuando Manlio Fabio degustaba de la comida en el aún muy famoso Café Tacuba junto a su esposa, un sicario disparó y lo mató.
DOS MUERTES Y UN BENEFICIADO
Hubo quienes culparon de este asesinato a Miguel Alemán Valdés, quien en ese tiempo era senador y estaba en el ala opuesta del PNR. La cuestión es que Alemán fue quien finalmente ocupó el cargo de gobernador a partir de finales de 1936.
¿Alemán tuvo algo que ver con este crimen?, nadie lo pudo afirmar contundentemente en ese tiempo y menos ahora. Hay quienes argumentan como prueba que alguno o algunos de los detenidos por el asesinato de Altamirano terminaron trabajando para quien después fue presidente de México.
Lo que sí es un hecho es que de no haber ocurrido el asesinato de Manlio Fabio, Miguel Alemán no hubiera sido gobernador de Veracruz ni tenido la fuerza para, pocos años después, incorporarse a la campaña del candidato presidencial Manuel Ávila Camacho, colaborar para su triunfo y ser nombrado secretario de Gobernación.
En 1945, en febrero, ocurrió otra muerte que favoreció a Miguel Alemán. Nadie podía frenar a Maximino Ávila Camacho, ni su hermano el presidente Manuel, en su aspiración de suceder en la presidencia a su consanguíneo. Era una fuerza imparable, pero sucedió lo de su muerte, oficialmente debido a un infarto, tal vez derivado de sus enfermedades, entre ellas la diabetes.
¿Murió por enfermedad?, eso dicen algunos, otros afirman que lo mataron envenenándolo, pues no lo querían en la presidencia y Ángeles Mastretta en su novela Arráncame la Vida escribe que lo mató la esposa, cansada de tanto atropello. Dado su temperamento y sabiendo cómo iba a ser como presidente, no es descartable lo de su asesinato.
Muerto Maximino, el presidente Manuel Ávila Camacho decide darle un giro al poder en México y designar a un candidato no general ni participante en la Revolución. El beneficiado fue un civil, abogado, veracruzano, su secretario de Gobernación, Miguel Alemán Valdés, a partir de ese momento El Cachorro de la Revolución.
***Muchos años después, a finales de los 60, Miguel Alemán Velazco, hijo del expresidente, quiso entrar directamente a la política, vía una diputación federal (por Acayucan). Cuentan que el principal opositor a eso fue su padre.
He conocido directamente el testimonio de varios políticos que se han opuesto a la participación de sus vástagos en esa actividad. El argumento, evitar traiciones y lo más amargo que tiene la vida.
Tal vez por eso Alemán maniobró para que no prosperara, en esa época, el deseo de su hijo. Habría pedido dos favores, uno a un joven líder obrero, Sebastián Guzmán Cabrera (llegó a ser el dirigente nacional de los trabajadores petroleros), para que se opusiera a la candidatura, y otro al entonces dueño y director del Diario de Xalapa, don Rubén Pabello Acosta, para que igualmente mostrara su oposición.
Muchos años después Alemán Velazco pudo incursionar en la política y ser senador, para luego llegar a la gubernatura. Ya no le alcanzó para ser presidente, como era su anhelo.
¿QUIEREN ACABAR CON CENEGAS?
Uuufff, uno de los funcionarios más cuestionados por la falta de resultados en el gobierno (¿?) de Cuitláhuac fue quien fungió como primer secretario de Seguridad Pública, Hugo Gutiérrez Maldonado.
En la pasada administración estatal no hubo resultados positivos en el combate a las bandas criminales, las que hicieron y deshicieron a tal nivel que, al arrancar su gobierno, Rocío Nahle dijo que se les acabaría la fiesta, o sea, considero que los cárteles venían disfrutando de una juerga permanente.
Tras su paso cuestionado al mando de la SSP –renunció por fuertes diferencias con el entonces secretario de Gobierno, Patrocinio Cisneros- cayó en el mismo sitio de todos los funcionarios que no son veracruzanos y realizan un mal trabajo: en el olvido.
Ahora lo rescató el director del Centro Nacional de Control de Gas (Cenegas), que no es otro que Cuitláhuac y le dio el cargo de coordinador regional (con sede en Monterrey, Nuevo León) de Derechos de Vía de Cenegas.
La secretaria de Energía, Luz Elena González, debería poner más atención a lo que sucede en Cenegas. Cuitláhuac y sus colaboradores casi acaban con Veracruz, ¿qué crees lector que hagan con Cenegas?