Hola amigos esta noche de lunes les comparto otro cuento más de la serie, lo he titulado «El Agua de los Pescados»

CULTURA
, que esta contenido en el segundo libro «Cuentos de Perote y otros lugares», espero lo disfruten, corre el telón!!!!
En una zona cercana a la cima del cofre de Perote, poblada de árboles y donde escurre un arroyo cristalino y fresco que tiene origen en la zona alta de la montaña, vivía un singular y extraño personaje. Todos los días salía de su morada y trabajaba cultivando su terreno y atendiendo a un pequeño grupo de cerditos, con lo cual mantenía su economía.
Un día de primavera este personaje salió de su casa y se dirigió hacia su terreno notando algo fuera de lo común, todo estaba cubierto por un polvo color azul que le daba la apariencia de una alfombra. Sorprendido por tan raro suceso recorrió los lugares aledaños para investigar el origen de ese fenómeno y cuando llego a la zona del riachuelo vio un pequeño hombrecillo soplando a través de un corno que esparcía ese polvo azul. Cuando se dio cuenta de que era observado, el hombrecillo se escabullo a través del riachuelo. Sin poder encontrarlo regreso a su casa y espero a que se ocultara el sol para ver que reacción hacia la sustancia en la tierra temiendo la dejara seca y estéril, para su sorpresa cuando el sol se ocultó el polvo cambio a un color purpura que reflejaba la luz de la luna formando un efecto tornasol, que deslumbraba por su intensidad. Haciendo el polvo un efecto casi hipnótico por su color, de repente el hombre empezó a sentir mucho sueño por lo que volvió a su hogar y durmió tan profundamente apenas toco su cabeza la almohada.
Muy temprano, despertó y corrió a ver qué había sucedido, con el amanecer el color había desaparecido pero ahora todo su terreno estaba cubierto de unas flores muy blancas que emitían un aroma muy peculiar; curioso tomo varias de ellas y cuando las arranco de los tallos empezó a escurrir un líquido verdoso que al contacto con la tierra se convertía en polvo, el polvo azul que había visto en todo su terreno el día anterior. Tomo las flores y se dirigió a su pequeña granja. Ahí arrojo las flores a los cerditos y en un instante estos tomaron el color azul y se petrificaron. Confundido por el efecto en sus animales, los tomo y los coloco en un saco. Como pudo los jalo hasta el arroyo para limpiarlos del color y ahí los arrojo. Al contacto con el agua los cerditos recuperaron el movimiento y comenzaron a nadar rio abajo perdiéndose en la distancia. Afectado por la pérdida de sus animales, regreso a su casa y tristemente comenzó a llorar.
Cuando pasaron algunos minutos, apareció el hombrecillo que había sorprendido anteriormente pintando de color su terreno y sin mediar palabra aquel personaje extendió su corno para que lo tomara y dejara de llorar. Una vez que el hombre tomo el corno su rostro triste cambio por uno sonriente y el hombrecillo desapareció. Tratando de agradecerle, salió a buscarlo y al no encontrarlo se dirigió al riachuelo, ahí toco el corno para llamar al hombrecito pero para su sorpresa en lugar del hombrecillo aparecieron los cerditos que habían bajado por el rió anteriormente multiplicados y más regordetes. Los cerditos se dirigieron solos a la granjita. Después de asegurar a los animales, se fue a dormir con una sensación de agradecimiento y felicidad. A la mañana siguiente, nuevamente fue al rió y volvió a tocar el corno, esta vez las blancas flores se convirtieron en plantas de maíz maduras y listas para su cosecha. Admirado por la magia del corno, corto las mazorcas y regreso a su hogar para alimentar con el maíz a sus cerditos. Al tercer día ya no encontró el corno donde lo había puesto, por lo que suponiendo que lo había recogido su antiguo dueño fue hacia el rio para buscarlo y darle como regalo un pan que el mismo había cocinado, cuando llego ahí encontró una bolsa de piel muy antigua que estaba llena de cristales muy brillantes, con la curiosidad de saber de qué se trataba, la tomo y partió con su carreta hacia el pueblo más cercano, que era Sierra de Agua, allí acudió con un hombre que vendía y compraba joyas. El joyero cuando miro los cristales quedo admirado y le dio una muy buena cantidad de monedas de oro a cambio de ellos.
El campesino regreso feliz a su casa pero antes busco al hombrecito del corno en el riachuelo para entregarle el pan que antes no había podido darle y al llamarlo repetidas veces y no encontrar respuesta, dejo el pan y la bolsa de piel con algunas monedas cerca del lugar, pero accidentalmente las monedas cayeron al agua y de forma por demás extraña se convirtieron en peces, que comenzaron a nadar y perderse en la corriente. A partir de ese día no dejo de contar esa anécdota sobre el agua que convertía monedas en peces, o “pescados”, como el los llamaba.
Nunca más volvió a ver al hombrecillo del corno, pero cada vez que recibía visitas contaba la historia del extraño que pinto su terreno de azul y tornasol y que le dio una gran riqueza.
Cuentan que el hombrecillo se fue a vivir más arriba, aun mas cerca de la peña del Cofre, pintando sobre todo por las tardes de verde o azul los terrenos cercanos a su nuevo hogar o de blanco con su corno como bienvenida en cada año nuevo.
“Cuentos de Perote y otros lugares”, PACOOROZCO(2022)
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