Contrapunto

OPINION

 

Víctor Murguía

 

El autoritarismo avanza

 

A nadie le gusta que lo critiquen o lo exhiban por acciones irregulares y menos por las ilícitas. A nadie le gusta, ni a los periodistas que están acostumbrados a criticar.

Pero si hay un sector en el que la crítica causa urticaria e incluso ira es en el del servicio público y la política.

A un cantante, actor o actriz le puede caer muy mal la crítica del periodista dedicado al tema de los espectáculos porque desafinó, subió ebrio el escenario o tuvo una mala actuación, pero el periodista simplemente están cumpliendo con una parte de su función.

Un futbolista, beisbolista, basquetbolista o boxeador puede enojarse porque la prensa especializada en deportes señale sus fallas, su baja en las condiciones físicas o que no tiene el nivel para desempeñarse en las competencias de élite, pero el periodista analiza las actuaciones y expone lo que es el rendimiento del deportista.

Estos personajes se enojan, le responden al periodista o incluso presentan denuncias, pero no están pensando en callar a la prensa o en inventar una ley para poder censurar.

Hay políticos, sintiéndose con poder, que sí piensan en la censura y en ocasiones, cuando tienden al autoritarismo, la concretan.

No hay nada peor para un servidor público ratero o ineficiente que sentirse bajo la observación de los periodistas. A la prensa crítica, los que tienen vocación de autoritarios, la repelen, le lanzan “en nado sincronizado” acusaciones falsas y, si pueden, la aniquilan.

En el último medio siglo todos los presidentes de la República, en distintos grados, han mostrado su rechazo a los periodistas encargados de exponer sus errores o robos al presupuesto.

Luis Echeverría metió la mano para quitar a Scherer de la dirección de Excélsior. López Portillo soltó la frase de no te pago para que me pegues, en referencia a Proceso. En el gobierno de Miguel de la Madrid ocurrió el asesinato de Manuel Buendía. Salinas de Gortari fue muy perverso. Zedillo repelía a los periodistas.

Fox y Calderón también fueron enemigos de la prensa libre y Peña Nieto se encargó de vengarse de periodistas que señalaron la corrupción de su gobierno.

Actualmente, con la 4T, la situación de la prensa en general es negativa debido al autoritarismo de la cúpula morenista. López Obrador dio muestras muy claras de que lo hacían rabiar las críticas a sus errores y la exhibición de fracasos y corrupción. Por eso, entre otras cosas, ordenó la desaparición del Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI).

Quiso manipular y mentir como ningún otro presidente desde sus mañaneras y que nadie de la prensa lo contradijera o expusiera en sus mentiras o grandes fracasos.

Actualmente la presidenta Sheinbaum da paso a una iniciativa que, dicen desde el gobierno, es para la “protección de los derechos de las audiencias”, aunque claramente es para la protección de los funcionarios de este gobierno.

Ya desaparecieron el INAI, controlan el Poder Judicial, se hicieron ilegalmente de la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, ahora van por el sometimiento legal de la prensa y… ¿qué sigue?

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