Ya entendieron por qué dije que el mejor presidente que México ha tenido es @realDonaldTrump.
Eduardo Verástegui
Finalmente, le llegó su hora.
“El Mencho” fue abatido.
Y la pregunta no es menor. Es inevitable.
¿Por qué México tardó más de 25 años en intentar detenerlo… y bastó presión internacional real para debilitar una de las estructuras criminales más violentas del continente?
No es un debate ideológico.
Es un debate moral.
Cuando el crimen organizado se convierte en poder paralelo, no ocurre por casualidad.
Ocurre por corrupción.
Por colusión.
Por impunidad tolerada.
Por pactos que traicionan al pueblo.
Durante años se normalizó el discurso de la impotencia.
“Es muy complejo.”
“No se puede.”
“Abrazos.”
El resultado: territorios capturados, jóvenes reclutados, familias desplazadas, comunidades sometidas al terror.
México no es un país débil.
Es un país mal gobernado.
La soberanía no se defiende con discursos.
Se defiende garantizando ley, orden y justicia dentro del propio territorio.
Cuando Estados Unidos ejerce presión real contra los cárteles, algunos gritan “intervencionismo”.
Yo lo veo distinto.
El narcotráfico es una amenaza continental.
Las drogas cruzan fronteras.
Las armas cruzan fronteras.
El dinero ilícito cruza fronteras.
La cooperación firme entre naciones fuertes no debilita la soberanía.
La fortalece.
Lo que debilita la soberanía es permitir que el crimen capture al Estado.
Que el miedo sustituya a la ley.
Que la política proteja lo que debería erradicar.
México merece un gobierno que enfrente al crimen sin titubeos.
México merece instituciones limpias.
México merece verdad.
Y América necesita liderazgo fuerte.
Sin complicidades.
Sin romanticismos con el crimen.
Sin cobardía.
Un México fuerte y un Estados Unidos fuerte no son enemigos.
Son aliados naturales en la defensa de la libertad y la civilización.
Juntos somos más fuertes.