Acotaciones chilenas.

OPINION

Por Inocencio Yáñez Vicencio.

He leído con mucha atención el artículo del día de hoy del extraordinario periodista Raymundo Riva Palacio, y muy a pesar de que me parece impecable desde su perspectiva, creo que no obstante que las comparto, creo conveniente hacer algunas precisiones, que sin duda alguna podrían llevar a otras conclusiones respecto a las causas de la derrota de la izquierda en la República de Chile.
Por qué no fue la deficiencia la causa principal que el electorado le haya negado su confianza a la brillante candidata de la izquierda?
Desde Platón se tiene claro que el más popular no siempre es el mejor, por eso él no creía en la democracia y en su lugar proponía un gobierno de filósofos.
No es que la deficiencia del Gobierno que encabezó Boric como presidente no haya sido una constante sino que colocarla como principal causa del rechazo, impide ver los factores que desde mi punto de vista provocaron esos resultados.
Recuerdo que haber escuchado decir en Guadalajara al presidente Salvador Allende: tenemos el gobierno, no el poder y ni siquiera eso : tenemos una parte del gobierno.
Antes que otra cosa es vital tener muy claro que el poder no tiene sede, el poder es una relación social, está determinado por la correlación de fuerzas, que se expresa en el andamiaje institucional, pero que de ninguna manera reside ahí.
En la etapa neoliberal, el gran capital, ha dejado a la política pocas decisiones que tienen que ver con los intereses comunes, por eso es válido afirmar que su principal paradoja es que se le exigen a la política respuestas que nada tienen que ver con ella, que las decide el mercado y que de entrometerse, el mercado tiene en sus manos las palancas para derrumbarlo. Este es el motivo por el cual provoca risa que una persona que salga triunfadora en las urnas diga que tiene todo,todito el poder, primero porque lo que se conquista electoralmente es el título para ejercer una función y que en un Estado constituido las potestades vienen de la Constitución, razón por la cual un grupo trata de moldearla conforme sus intereses.
La generacion de jóvenes que hace cuatro años alcanzó la Presidencia en Chile, trató mucho antes de lograr el consenso para cambiar el Estatuto que dejó Augusto Pinochet y lo había alcanzado, pero en eso estaban y se vinieron las elecciones presidenciales y las ganaron, pero , desde sus primeros de gobierno, los sondeos daban una voltereta, que al realizar formalmente la consulta para cambiar la Constitución, se confirmó dramáticamente. En ese acto la suerte de la izquierda chilena quedó echada y no la deficiencia. Había conseguido una parcela de gobierno pero no el poder, que dado que esa parcela de gobierno era pequeña, tuvo que conformarse a cortar listones, con lo que perdió mucha base que se desilusionó con tan poco.
Este es el riesgo de movimientos sustentados en la volátil opinión pública, que no construyen organizaciones de base capaces de contrarrestar las mal llamadas fuerzas vivas y no logran vertebrar la hegemonía que reemplace a la de las clases dominantes.
El Ejército, la Marina, la Iglesias Católica, las Universidades, los Canales de Radio y Televisión, el Sistema Educativo, el cine, el teatro, las familias que amasaron fortunas y privilegios, las oligarquías empresariales que gosaron de impunidad y que no fueron llevadas a la Justicia, operan a favor de proyectos ultraderechistas y en contra de toda propuesta progresista que vaya contra sus ganancias.
Está por demás a la vista que no se tuvo en cuenta que el capital es global, es internacional, que se enfrentaban a fuerzas que condenan cualquier apoyo exterior a la izquierda pero aprueban los apoyos de Vox o de Trump.
La izquierda chilena siempre estuvo cercada militar y mediáticamente por los bandos religiosos, oligárquicos y transnacionales.
Desde antes de su arribo debieron haber abandonado su visión aldeana y realizar una política activa exterior para unir fuerzas para enfrentar a un adversario que no tiene fronteras.
Jugaron con las reglas que les impusieron sus enemigos. Ya sabemos que los barones del dinero respetan las reglas mientras no les estorban. Mientras para la auténtica izquierda respetar las reglas liberales es importante para darle racionalidad a la disputa de la dirección del Estado, las oligarquías y sus aliados las defiendan en tanto sirvan para producir gobiernos a modo y les den estabilidad y seguridad, pero si esto lo pueden conseguir autoritariamente, se olvidan las reglas del juego y hasta de la racionalización.
Tiene razón Claudia Sheinbaum. México no es la República de Chile. Aquí Morena , en cuanto conquistó la Presidencia, desmanteló el Estado de derecho y gobierna con su ley, una ley facciosa, aplica esa ley facciosa en tribunales bajo su voluntad, eliminó todos los órganos autónomos, logró colonizar los órganos electorales y hace de las elecciones meros trámites, ha reemplazado la justicia por la venganza, eliminado la suspensión en la ley de amparo, limpiado de críticos periódicos, radio y televisión, corrompido al ejército y llevado el huachicol a la Marina y a grupos criminales como La Barredora al gobierno, pero justamente la compra de votos mediante pensiones y apoyos ha disparado en siete años la deuda pública al 100 por ciento que no tarda en explotarle.
La determinación de Claudia de eliminar los OPLES y suprimer los diputados plurinominales, acabarán con la representación de las minorías, pero abren la puerta al México bárbaro.
Los grandes capitales pueden tolerar la dictadura de Morena si les da estabilidad y seguridad, pero dado que no están garantizadas por la ausencia del Estado de derecho y el peligro que representa la alianza Morena y narco, no van a quedarse cruzados de brazos.
La auténtica izquierda como los vándalos morenistas están reculando, por no considerar que se enfrentan a enemigos que necesitan de una seguridad que no la dan ni los que se apoyan en una opinión pública volátil ni los que se alían con el crímen organizado.

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