Sin tacto

OPINION

 

 

Martín Aguilar se quedó… un rato

 

Por Sergio González Levet

 

Unos dicen que echaron para atrás el anuncio de la renuncia de Martin Aguilar a su posición de rector espurio porque el doctor Rafael Vela Martínez reveló días antes la intención de irse del fachoso historiador. Otros arguyen que no, que más bien de última hora se arrepintió de dejar el no honroso aunque jugoso cargo. Otros más, que le solicitaron desde alguna oficina gubernamental que se quedara un tiempo todavía, con el fin de que se encargue de mantener fuera del ámbito de influencia universitaria a los partidos de oposición (como si fuera un operador político eficaz, jajá).

La cosa es que una de las mejores esperanzas uveuniversitarias, otra ilusión perdida, se quedó apagada apenas Martín terminó su informe anual el pasado viernes 11 de septiembre, cuando en otra efemérides se cumplieron, por cierto, 25 años de la destrucción de las torres gemelas de Nueva York, que ahora se empata con el año de destrucción espuria que lleva sufriendo nuestra queridísima alma mater.

No se fue Martín el 9/11 jarocho… pero que no cunda el pánico: sí se va a ir más temprano que tarde. Y es que su proceso de jubilación sigue caminando en los vericuetos tramitológicos del Instituto de Pensiones del Estado, de modo que cualquier quincena de éstas se lo hacen efectivo. Ya con la pensión de viejito encima, no le quedará más que vaciar sus cajones, echarse tal vez una última cana al aire con cargo al presupuesto y autorizar si hubiera modo algún pago extraordinario o una desviación presupuestal para terminar de acompletar el botín.

La pausa en la ansiada renuncia del invergonzante Martín abrió, sin embargo, la posibilidad de que dos o tres integrantes del equipo espuriador vieran renacer sus posibilidades de imponerse finalmente como la sucesora o el sucesor frente a quien ya estaba nominada desde el principio, cuyas iniciales son JJ, dicho en chino.

Y por eso hay golpes bajos como sólo en la grilla histórica de la UV se saben dar; por eso, tantos rumores y filtraciones (como la que le llegó al doctor Vela); por tanto la despiadada guerra caliente en las entrepiernas de la política académica.

Martín se va a ir y está aprovechando sus últimos días para que la comunidad universitaria lo abuchee y le silbe en cuanto evento público se presenta. Ta vez quiere atesorar en el cofre de sus recuerdos las rechiflas ganadas a pulso por su intromisión en la legalidad, por su supina incapacidad y por el desprestigio secular que en sólo cinco años le acarreó a nuestra máxima casa de estudios, otrora Lis de Veracruz (arte, ciencia, luz).

No se fue, pero se va a ir, solamente hay que esperar un poquito más.

¡Y ya!

 

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