Sin tacto
Mañaneras vacías
Por Sergio González Levet
La base fundamental y exclusiva de la comunicación de los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum ha sido La Mañanera. Ese polémico evento cotidiano que sucede de lunes a viernes tiene su antecedente en las conferencias súper madrugadoras de prensa que ofrecía a las 6 de la mañana el tabasqueño, en su carácter de Jefe de Gobierno del Distrito Federal, que lo fue del 5 de diciembre de 2000 al 29 de julio de 2005, cuando hizo válida su solicitud de licencia al cargo en busca de la candidatura presidencial del PRD para las elecciones del domingo 2 de julio de 2006.
El nombre oficial de esa reunión era “Conferencia de Prensa del presidente Andrés Manuel López Obrador”, pero porque se desarrollaba muy temprano, el pueblo ingenioso le empezó a llamar La Mañanera, influido por nombre de El Mañanero, el programa de noticias de Brozo el payaso tenebroso, un personaje de Víctor Trujillo que en un principio apoyaba ostensiblemente a AMLO, pero a partir de la toma de posesión de éste como Presidente de la República fue cambiando su simpatía hasta convertirse en un crítico acérrimo. Fue de tal grado el alejamiento con el Presidente que el 29 de noviembre de 2019 fue sacado del aire por Televisa, y persiste la sospecha de que el final del programa se debió a presiones de la Presidencia de la República, que llegó a amenazar a la empresa con quitarle la concesión.
Durante el sexenio de López Obrador, La Mañanera se convirtió en una emisión de propaganda del régimen y fue señalada por la cantidad de mentiras que soltaba el titular del Ejecutivo con el fin de sustentar sus programas de Gobierno y la política de su movimiento, al que llamó la Cuarta Transformación.
Claudia Sheinbaum repitió como espejo la política de información de AMLO y así siguió la emisión presidencial con el mismo formato y apenas unos cuantos detalles propios. Para empezar, fue llamada oficialmente “La Mañanera del Pueblo”, con un objetivo francamente propagandístico, y la Presidenta se dedicó a mantener un discurso de apoyo irrestricto a la Cuarta Transformación que raya en lo absurdo y se sustenta en las mentiras, como lo hizo su antecesor. Sin embargo, se ha ido ahondando la contradicción cada día más palpable entre la realidad de un país azotado por enormes problemas de gobernabilidad, de violencia, de falta de rumbo y de corrupción.
Ha sido a tal grado el distanciamiento entre la propaganda cuatroteísta y la compleja situación del país, que el discurso triunfalista de Claudia Sheinbaum ha terminado por ser repudiado. Los señalamientos contra las falsas afirmaciones de la Presidenta han crecido entre la opinión pública y hemos llegado a un estado de cosas en que la Cuarta Transformación perdió toda credibilidad popular.
Si me permite usted, mañana sigo con el asunto.