Sin tacto
Hacia una definición de “periodista”
Por Sergio González Levet
La reflexión sobre la dificultad de definir claramente y sin interpretaciones quién es un periodista que hice en el “Sin tacto” de ayer dejó mucha carnita para seguir masticándola, y hoy sigo produciendo un bolo en el intento de caminar hacia la formación de un bocado más o menos digerible.
En la larga lista de los actores que intervienen en el complicado y difícil proceso de la información -y que por participar activamente en él podrían ser considerados periodistas-, tengo que mencionar también, por ejemplo, a quienes venden, diseñan y producen publicidad para los medios de comunicación, y preguntarme si podrían ser considerados profesionales de la información, como sí lo aceptan, por ejemplo, muchas asociaciones que se llaman de periodistas o comunicadores.
Y una parte interesante del fenómeno de la información son los funcionarios y empleados que trabajan en las oficinas de prensa. En esencia difunden información cautiva, sesgada, propagandística muchas veces y en casos hasta panfletaria, y se ha multiplicado lastimeramente la costumbre de muchas direcciones de comunicación social que han hecho a un lado la ética y hacen circular púbicamente
mentiras tremendas sobre la actuación de sus jefes.
Bien, habría que empezar a ensayar sobre un criterio que especifique claramente quiénes pueden ser considerados periodistas para que sean integrados en la propuesta de un censo que una reportera le hizo a la Gobernadora Rocío Nahle en una rueda de prensa, que ella comedidamente hizo pública, y a su vez propuso que lo hiciera la Comisión Estatal de Atención y Protección de los Periodistas.
Primero hay que considerar que ser periodista es una existencia, no una esencia. Es decir, quien no trabaja activamente para publicar noticias u opiniones -que vienen siendo lo mismo- pierde su condición de profesional del área. Es que se llega a dar el caso de periodistas que lo fueron hace 30 o 40 años y que siguen queriendo ser considerados como profesionales en activo, sobre todo a la hora de los chayotes, ¿eh?
La segunda premisa que tomo en cuenta es que quien se proponga como periodista pueda demostrar un conocimiento amplio del idioma y un manejo integral de la gramática. El lenguaje -oral o escrito- es para los reporteros como el azadón para los campesinos.
Tercera, sería bueno empezar a profesionalizar el gremio e ir exigiendo un título universitario. Por lo pronto, podría ser de carreras afines al ejercicio del periodismo, en tanto las facultades de comunicación empiezan a preparar verdaderamente a profesionales con las herramientas mínimas para informar al público…
Y mañana le sigo, porque el tema da para mucho todavía.