Sin tacto
Lo que el futbol unió, no lo rompa la 4T
Por Sergio González Levet
Fueron 25 días únicos, gozosos, oxigenantes para la historia de crímenes que hemos padecido desde mucho antes, pero en especial desde 2018, cuando Andrés Manuel López Obrador instauró la criminal política de Abrazos no balazos; Andrés Manuel, o como se llame ahora, porque dijo que si él no lograba reducir la violencia se cambiaría el nombre.
De jueves 11 de junio al domingo 5 de julio hubo una disminución notable en los delitos de alto impacto en México, en especial en las tres ciudades que fueron sede de partidos de la Copa Mundial de Futbol. En estas ciudades se reportó una reducción de 31% de asesinatos para todo el mes de junio. El día del arranque de la Copa sólo hubo 30 homicidios en todo el país, el martes 16 de junio la cifra se redujo a 27 y el viernes 3 de julio quedó en 28. Esos números no los habíamos tenido en México en los últimos ocho años.
Pero hay más, los cinco días en que hubo juegos de la Selección (el jueves 11 contra Sudáfrica, el jueves 18 contra Corea, el miércoles 24 contra Chequia, el martes 30 contra Ecuador y el domingo 5 de julio contra Inglaterra) la violencia se redujo ¡en 80%!
Es cierto que hubo delitos considerados menores que aumentaron significativamente por la presencia numerosa de turistas, sobre todo el robo de celulares y de carteras. Por desgracia, apenas nuestros muchachos fueron eliminados por los ingleses, repuntaron los homicidios hasta 50 diarios en promedio y así han seguido.
Vea usted lo mal que estamos, que de alguna manera festinamos que en esos 25 días milagrosos solamente fueron asesinadas 1,007 personas. Pero es que si no hubiera habido Mundial, habrían caído por homicidios dolosos 1,250 mujeres u hombres.
Junto a la violencia a la baja -a la bajísima-, se presentó un fenómeno también único que llenó de júbilo los corazones de muchos mexicanos sencillos y bondadosos, e insufló la esperanza de que como pueblo aún tenemos un alma y por eso un remedio como país: volvió la unidad y la concordia entre todos, congregados en el fervor futbolístico y en la enjundia que pusieron los jugadores conducidos por Javier el Vasco Aguirre (¡que él fuera nuestro Presidente de la República!).
Qué lástima que regresó la inseguridad, qué pena que se volvió a enseñorear la violencia… pero no dejemos que vuelvan la división y el encono entre paisanos, ésas que AMLO y sus fanáticos han estado cultivando con tanto ahínco.
Ya les demostramos que podemos estar unidos de nuevo, que no hemos olvidado cómo abrazarnos, cómo reír y cantar otra vez, y cómo ser hermanos nuevamente, como antes lo fuimos.